sábado

sobremipenamerecuestoymeencojoco.
sobreelladormitoysueño,sueñosquemerompenlanarizymeviolancondedosdemadera.
ytuchicavuelveenunassemanas,ynoquieroniimaginarquequerrashacerdeellayconella.
sobresuelostransparentesmividasemueve.contemplandoelvacioyelvertigodenosernadamasqueunespiritucolgandodelaire.
aguanta,aguantapreciososer.
unidosestamospornuestroscabellosynuestrosojos,aunqueelcolorylaformalosmuestrediferentesanteelinsanomundo.
teriescomosinuncahubierasvistollover.unalloviznaqueacariciayseresbalaporlasecapiel.
tufrentequedadesprovistadepelo,yderepentesientesmiedo.veotusideasproyectadasenesapielfinayblanca,consalpicadurasrojosangre.

sobre mi pena me recuesto y me encojo.
sobre ella dormito y sueño, sueños que me rompen la nariz y me violan con dedos de madera.
y tu chica vuelve en unas semanas, y no quiero ni imaginar que querras hacer de ella y con ella.
sobre suelos transparentes mi vida se mueve. contemplando el vacio y el vertigo de no ser nada mas que un espiritu colgando del aire.
aguanta, aguanta precioso ser.
unidos estamos por nuestros cabellos y nuestros ojos, aunque el color y la forma los muestre diferentes ante el insano mundo.
te ries como si nunca hubieras visto llover. una llovizna que acaricia y se resbala por la seca piel.
tu frente queda desprovista de pelo, y de repente sientes miedo.veo tus ideas proyectadas en esa piel fina y blanca, con salpicaduras rojo sangre.

La Nada



Dormida sobre tus frágiles y pequeñas piernas sobrevolé la efímera felicidad de un trayecto corto. 
A tus dedos mis secos cabellos se aferraban, como el viento se aferra a los muros de la gran ciudad. 
Entre sueños y realidad lloré, por las calles nocturnas, mientras sombras disfrazadas de personas veían sus lágrimas resbalándose por mi piel. 

Sufrí en cada esquina, recordando la fuerza de tu ternura en mi mano. 
Y al ascender hasta la soledad del universo recordé tus ojos claros y abiertos. Aquellos ojos a los que miré como casi por última y primera vez. Ese abismo en el que me descubrí desnuda y calmada, agitada por tu brisa suave.
Y como casi un susurro tus palabras escuché, recordándome un beso entre inventado y dibujado, entre onírico y alienado. Bajo la mirada indiscreta de aquel conductor que no conducía, de aquel desconocido que de nuestra intimidad hizo la suya. 

Extrañándote en la oscuridad, y ocultándome todo lo que detrás mía dejé, busco refugio de la lluvia y el frío que se ha adentrado en mí y no tiene dónde ir. 
Buscando en esta cordial tristeza la evocación infinita de la ocasión, del temor a la sinrazón y a sabiendas de que no existe un futuro mejor. 

En el bosque de aquella montaña lejana, oculta por la niebla, te encontraré. Y será entonces, cuando entre piedras resbaladizas, me dejaré caer, mi vida expirará y mi espíritu se sosegará. Entre tus delicadas manos mi savia transcurrirá. Llorando me recogerás y sabrás que es en el río donde siempre he querido descansar. 
Y como un desasosegado nacimiento, sentirás la eminente presencia de la quietud y el silencio en el que las cosas se desvanecen.
Y así, contemplando mi joven, descansado y muerto cuerpo, te acercarás de nuevo a mi pelo y, una vez más, entre suaves caricias lo envolverás. 


domingo

No es nuevo que el aburrimiento produce un ensordecimiento vital. Una ceguera tan ajena como íntima. Una amenazante extrañeza.

Pero, sobre todo, una Nada que ni siquiera Es.



La vida: ni sale, ni entra. Ni se marcha, ni se queda. Ni se posa, ni vuela. Ni rebosa, ni llena.

Me engaño (me engañas), te engañas (te engaño), se engaña (lo engaño)
Nos engañamos


Una o tres veces, qué importa. 
Espero que no me dispare, que no olvide mi vida de la misma manera que hice yo. 
Olvidé mi sangre, mi rostro, mi cuerpo, lo que quedaba de mi mente. Lo olvidé todo. Lo quise olvidar, como quien entierra su necesario mal existencial. 

Cuando quise despegarme de ti, te miré por "última vez" (como se mira a alguien que está descubriéndote) y no entendí tus dos interrogaciones azules. Se encontraban mal colocadas, y no entendía cuánto de prejuiciosa interrogación y cuánto de confusa afirmación se hallaba en tu escandaloso y mudo juicio.

Ahora, nada de eso importa. El viento me llevará y se llevará a tierras lejanas el desconcierto de mis ideas, trayendo algunos pares de dudas nuevas. 



sábado




No podía ser de otra manera.
Sólo existe esa explicación. 

Pero la forma no indica el contenido.
Y cuando no hay contenido, no es necesario un continente que lo contenga.
Por lo tanto no existe ni ha existido ningún hecho. 

¿Y si todo fuera lo mismo y diferente a la vez?
¿Y si todo fuera Todo y Nada?

A veces, uno es más consciente de la materia viscosa y etérea de la que está hecha la existencia.
Que va deslizándose y mutando entre tus dedos.
Intenta contenerla, desaparecerá más rápido. 
Resulta tan ridículo como intentar existir despreciando (o vanagloriando) la existencia. 

Todo es más sencillo de camino a casa, pero con tu extrañeza al lado. 


domingo

Sin días



Y afirmamos antes de dudar. Y lo que la duda nos pudo haber ofrecido, la afirmación lo escondió, bajo un manto de pesadas y deslumbrantes estrellas. 

Probablemente, te sentías solo. 
Probablemente, me sentiría perdida. 
Y en la conjugación de las probabilidades surgió un nuevo azar, un nuevo juego. 

Creamos un monstruo de mil cabezas y un millar de corazones. 
Debimos aniquilarlo mucho antes de empezar a domesticarlo.

¿Por qué muestras indiferencia hacia mi llanto solitario?
En soledad nos encontramos, y en soledad nos disolveremos. 

Mientras tanto, cuéntame.
Quiero descubrir qué te trajo a mí. 

miércoles

A veces cuesta no sucumbir ante el derrumbamiento idealizado del mundo que has inventado.
Probablemente, no sea tan difícil de entender que tu mundo empieza y acaba en ti (y contigo), pero sin embargo, todos nos empeñamos en crear estructuras (casi tangibles) para hacer de nuestro mundo particular un mundo colectivo.
Una red.
Un asesinato del espíritu.
Un extraño paisaje onírico.
Un constante saludo a la visión que decidió proyectar nuestra mente en alguna parte del vasto espacio que nos rodea.

Y sentado en una piedra, que poseía la extraña cualidad de la contradicción pura, encontraste un pequeño sentido y un nuevo abismo eterno.
Oías el fluir de la Nada y el Todo chocando contra unas rocas que habían sido pulidas por el devenir. Y que en su solución inacabada se encontraba la áspera suavidad, tan típica de las piedras. Porque al final, son exclusivamente eso: rocas de río. Y quien vaya más allá es que ha sido demasiadas veces derrotado como para encontrar una solución no trágica e intranscendental.
Pero no, ni siquiera son unas rocas de río. No son. No son nada. Y no estamos exentos de estar dentro de la no-categoría y de la no-existencia.
La falta de felicidad proviene del saber, profundo pero no aceptado, que no podemos aspirar ni siquiera a ser una ilusión, un estado ilusorio. Por ello, creamos saberes que comienzan y terminan pensando en nuestra existencia (y todos los peligros, alegres o no, que de ella emanan).