domingo


Me engaño (me engañas), te engañas (te engaño), se engaña (lo engaño)
Nos engañamos


Una o tres veces, qué importa. 
Espero que no me dispare, que no olvide mi vida de la misma manera que hice yo. 
Olvidé mi sangre, mi rostro, mi cuerpo, lo que quedaba de mi mente. Lo olvidé todo. Lo quise olvidar, como quien entierra su necesario mal existencial. 

Cuando quise despegarme de ti, te miré por "última vez" (como se mira a alguien que está descubriéndote) y no entendí tus dos interrogaciones azules. Se encontraban mal colocadas, y no entendía cuánto de prejuiciosa interrogación y cuánto de confusa afirmación se hallaba en tu escandaloso y mudo juicio.

Ahora, nada de eso importa. El viento me llevará y se llevará a tierras lejanas el desconcierto de mis ideas, trayendo algunos pares de dudas nuevas. 



sábado




No podía ser de otra manera.
Sólo existe esa explicación. 

Pero la forma no indica el contenido.
Y cuando no hay contenido, no es necesario un continente que lo contenga.
Por lo tanto no existe ni ha existido ningún hecho. 

¿Y si todo fuera lo mismo y diferente a la vez?
¿Y si todo fuera Todo y Nada?

A veces, uno es más consciente de la materia viscosa y etérea de la que está hecha la existencia.
Que va deslizándose y mutando entre tus dedos.
Intenta contenerla, desaparecerá más rápido. 
Resulta tan ridículo como intentar existir despreciando (o vanagloriando) la existencia. 

Todo es más sencillo de camino a casa, pero con tu extrañeza al lado. 


domingo

Sin días



Y afirmamos antes de dudar. Y lo que la duda nos pudo haber ofrecido, la afirmación lo escondió, bajo un manto de pesadas y deslumbrantes estrellas. 

Probablemente, te sentías solo. 
Probablemente, me sentiría perdida. 
Y en la conjugación de las probabilidades surgió un nuevo azar, un nuevo juego. 

Creamos un monstruo de mil cabezas y un millar de corazones. 
Debimos aniquilarlo mucho antes de empezar a domesticarlo.

¿Por qué muestras indiferencia hacia mi llanto solitario?
En soledad nos encontramos, y en soledad nos disolveremos. 

Mientras tanto, cuéntame.
Quiero descubrir qué te trajo a mí. 

miércoles

A veces cuesta no sucumbir ante el derrumbamiento idealizado del mundo que has inventado.
Probablemente, no sea tan difícil de entender que tu mundo empieza y acaba en ti (y contigo), pero sin embargo, todos nos empeñamos en crear estructuras (casi tangibles) para hacer de nuestro mundo particular un mundo colectivo.
Una red.
Un asesinato del espíritu.
Un extraño paisaje onírico.
Un constante saludo a la visión que decidió proyectar nuestra mente en alguna parte del vasto espacio que nos rodea.

Y sentado en una piedra, que poseía la extraña cualidad de la contradicción pura, encontraste un pequeño sentido y un nuevo abismo eterno.
Oías el fluir de la Nada y el Todo chocando contra unas rocas que habían sido pulidas por el devenir. Y que en su solución inacabada se encontraba la áspera suavidad, tan típica de las piedras. Porque al final, son exclusivamente eso: rocas de río. Y quien vaya más allá es que ha sido demasiadas veces derrotado como para encontrar una solución no trágica e intranscendental.
Pero no, ni siquiera son unas rocas de río. No son. No son nada. Y no estamos exentos de estar dentro de la no-categoría y de la no-existencia.
La falta de felicidad proviene del saber, profundo pero no aceptado, que no podemos aspirar ni siquiera a ser una ilusión, un estado ilusorio. Por ello, creamos saberes que comienzan y terminan pensando en nuestra existencia (y todos los peligros, alegres o no, que de ella emanan).

domingo



Y entonces, si hablas en exceso, es probable que caigas en el terco (pero necesario) terreno de las mentiras. 

lunes

¿El río?. El río una mierda




Es difícil dejarse llevar buscando no caer en una espiral de sentimentalismos y dolores intensos y placenteros.
Resulta aún más difícil no caer.
A tropezones, te vas dejando llevar hasta el mismísimo Caos.
Y una vez en él, te arrepientes de no haber ido con paso ligero y amable hacia el abismo. Pues, igualmente, buscabas inundarte en él.

Necesitas cosas incesantemente.
Sea lo que sea, lo buscas y lo encuentras. Aunque no siempre encuentres lo que buscabas (en la mayoría de las ocasiones). Nos inventamos la vida y ella continúa como puede lo que uno ha creado.


"No sirve llorar, no me va a cambiar,
para qué rogar, si te voy a dejar. 
No soy cruel, no, nada que ver. 
Solo me voy hacia lo que soy.
Si yo te pedí y nunca te di
solo me fui sin pensar en ti.
No me quiero dar, si no es para soñar.
Es hora de ver quién hemos de ser.

Siento en el alma, unas ganas inmensas de llorar.
Yo quiero hacerte con mis lágrimas un collar de perlas.
Déjame llorar."


Tú la tienes.


Dónde vas?
A fumar.
(Fumo por espantamiento, o por espantamiento salgo a fumar?)

Un cuerpo que se estanca es una mente embarrada.
Una mente estancada es un cuerpo inerte.

Imagino las aguas de marzo, y su sonido casi verbal.

Las flores no crecen entre los cabellos.

No.
No.
Sí.
No.
Sí.
Sí.
No.
No.
No.
SÍ.

Te acabas de despertar, te ignoro con quehaceres improductivos para obligarte a sentir que quieres salir de aquí. Te contesto de manera despistada y cortante para que ansíes que sea yo, y no otro, quien te invita a irte.
He oído cómo salías de la habitación. Intento no despertarme a la par, pero es difícil no atender a los gritos de la desesperación. Salgo, buscando algo de acercamiento a tu humanidad. Pero encuentro un estallido floral en tu patio. Y nos digo: hey tío, hay vida ahí afuera. Y es ahora cuando caigo en la cuenta de que hay vida en todas partes, solo que tú la dejas ser y yo la fuerzo a querer.

Ese cuadro es el abismo.
No, simplemente es que no le da la luz.
(Pero da igual, porque sigo viendo como alguien ha colgado intencionadamente una ventana cerrada y sellada al abismo. Como quien ve una guerra en la televisión mientras come con su familia.)

Por qué no me tomas del brazo y me sacudes. ¿Por qué no me sacudes la cabeza y el alma? De manera violenta. Y toma mi brazo, llévame a tus sueños impuestos por mí, y convierte mi vida en algo digno de vivir. Y ten las agallas por mí, para hacer todo aquello que sólo yo puedo realizar. Vive por y para mí. Como el sonido que nadie oye.