lunes

Tú la tienes.


Dónde vas?
A fumar.
(Fumo por espantamiento, o por espantamiento salgo a fumar?)

Un cuerpo que se estanca es una mente embarrada.
Una mente estancada es un cuerpo inerte.

Imagino las aguas de marzo, y su sonido casi verbal.

Las flores no crecen entre los cabellos.

No.
No.
Sí.
No.
Sí.
Sí.
No.
No.
No.
SÍ.

Te acabas de despertar, te ignoro con quehaceres improductivos para obligarte a sentir que quieres salir de aquí. Te contesto de manera despistada y cortante para que ansíes que sea yo, y no otro, quien te invita a irte.
He oído cómo salías de la habitación. Intento no despertarme a la par, pero es difícil no atender a los gritos de la desesperación. Salgo, buscando algo de acercamiento a tu humanidad. Pero encuentro un estallido floral en tu patio. Y nos digo: hey tío, hay vida ahí afuera. Y es ahora cuando caigo en la cuenta de que hay vida en todas partes, solo que tú la dejas ser y yo la fuerzo a querer.

Ese cuadro es el abismo.
No, simplemente es que no le da la luz.
(Pero da igual, porque sigo viendo como alguien ha colgado intencionadamente una ventana cerrada y sellada al abismo. Como quien ve una guerra en la televisión mientras come con su familia.)

Por qué no me tomas del brazo y me sacudes. ¿Por qué no me sacudes la cabeza y el alma? De manera violenta. Y toma mi brazo, llévame a tus sueños impuestos por mí, y convierte mi vida en algo digno de vivir. Y ten las agallas por mí, para hacer todo aquello que sólo yo puedo realizar. Vive por y para mí. Como el sonido que nadie oye.