martes





Se desencadena el arpegio mayor.
La voz rompe.
La armónica te discute algo. Las dulces, melancólicas y profundas notas, que de ella emanan, hacen que tu alma se mueva como el fuego que prende la mecha de una vela.

Luego lloras y ríes, a partes iguales.
Pruebas un poco más de la vida, y no consigues diferenciar lo ácido de lo empalagoso.
Y toda tu cara se convierte en una mueca extensa y pura.
Un amargor con disfraz de néctar se pasea por toda tu lengua, proclamando el sabor de tu vida.


Que la muerte nos trate mejor que la vida.
Te deseo un buen camino F.

miércoles



Si tuviera el valor de admitir la mitad de las cosas que he hecho mal, el arrepentimiento podría durar hasta que mis ojos lloraran sangre.
Después de haberlo admitido tendría que auto-castigarme siendo servicial, amable, y "buena persona" con los demás.
Me llevaría el resto de mi vida admitirlo, madurar qué castigo es el más acorde, para más tarde aplicarlo contra mi ser, mi cuerpo y mi mente.

Por suerte existe la falsa modestia.