miércoles



Si tuviera el valor de admitir la mitad de las cosas que he hecho mal, el arrepentimiento podría durar hasta que mis ojos lloraran sangre.
Después de haberlo admitido tendría que auto-castigarme siendo servicial, amable, y "buena persona" con los demás.
Me llevaría el resto de mi vida admitirlo, madurar qué castigo es el más acorde, para más tarde aplicarlo contra mi ser, mi cuerpo y mi mente.

Por suerte existe la falsa modestia.

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