domingo

Sin días



Y afirmamos antes de dudar. Y lo que la duda nos pudo haber ofrecido, la afirmación lo escondió, bajo un manto de pesadas y deslumbrantes estrellas. 

Probablemente, te sentías solo. 
Probablemente, me sentiría perdida. 
Y en la conjugación de las probabilidades surgió un nuevo azar, un nuevo juego. 

Creamos un monstruo de mil cabezas y un millar de corazones. 
Debimos aniquilarlo mucho antes de empezar a domesticarlo.

¿Por qué muestras indiferencia hacia mi llanto solitario?
En soledad nos encontramos, y en soledad nos disolveremos. 

Mientras tanto, cuéntame.
Quiero descubrir qué te trajo a mí. 

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