Y afirmamos antes de dudar. Y lo que la duda nos pudo haber ofrecido, la afirmación lo escondió, bajo un manto de pesadas y deslumbrantes estrellas.
Probablemente, te sentías solo.
Probablemente, me sentiría perdida.
Y en la conjugación de las probabilidades surgió un nuevo azar, un nuevo juego.
Creamos un monstruo de mil cabezas y un millar de corazones.
Debimos aniquilarlo mucho antes de empezar a domesticarlo.
¿Por qué muestras indiferencia hacia mi llanto solitario?
En soledad nos encontramos, y en soledad nos disolveremos.
Mientras tanto, cuéntame.
Quiero descubrir qué te trajo a mí.
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