martes

Lindas flores murieron...
Sentí su vida estallar y pronto me ahogaron sus translúcidas manos.
Por fin se calmaron, ahora jugaban sin hacerse daño, sin hacerme daño.
El peso del calor se apoderó de nosotros, cediéndonos el frío nocturno para arroparnos entre nuestras pieles. Ligero y callado se fue marchando, como el que marcha obligado.
Su mirada se volvía hacia nuestras espaldas, pues quería ser testigo de lo que nunca más sucederá. Decidió así marcar a fuego en nuestros ojos su calidez, pues presentía que el frío se aproximaba, veloz y fiero.

La primera dentellada dolió, a la segunda nos hicimos, y ahora me encuentro en la tercera.
¿Por qué no puedo sentirte?
La niebla ha cegado nuestros corazones.


No hay comentarios:

Publicar un comentario