Duermes.
Despiertas y frunces el ceño. Algo desconocido atravesó tu mente esta noche.
El horario de tu día se refleja en tus ojos. Sientes el alivio y la fría tranquilidad de la monotonía. Tu experiencia te dice que la vida es menos dolorosa si se la abotarga de tareas y comidas familiares.
El peso te acompaña, como un perro sarnoso y amable.
Duermo.
Despierto y noto el cansancio en forma de aguja en mi espalda. Algo extraño se apoderó de mí, la última noche.
Mi día se muestra como un lobo herido en su bosque. Rodeado de amenazas y parajes fascinantes. Siento el alivio y la cálida desorientación de la libertad encapsulada. Mi experiencia me dice que será más fácil dormirse dentro de uno, abotargando mi mente de pensamientos que sólo se tienen cuando ya no queda nada importante por hacer. Cuando uno mismo deja de ser importante para uno.
Venguémonos de quien nos hizo esto. Venguémonos de nosotros.
Acuchillémonos en la noche, quedando la sangre seca por el día.
Volvamos a escuchar las voces de nuestro feroz e inseguro interior.
Caigamos en la justificación de nuestros errores sintiendo las hondas heridas que marcaron en nuestro corazón.
Es hora de vivir por orgullo y morir por honor.
Es tiempo de pedirle a la vida pensamientos y consumaciones moribundas.
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