Tu condición humilde no te dota de bondad. La humildad no es más que una celda en la que enjaular tu deseo constante por controlar a tus semejantes.
El dinero solo te dará la libertad para esclavizar. Pero mientras tú seas el esclavo, solo te quedará reprimir el ansia por fustigar a tu prójimo con látigos de crueldad.
Si alguien te presta su bondad, tu, como buen humano te sentirás lleno de gracia, tus ojos brillarán en las más profundas de las oscuridades, y solo (y exclusivamente ahí) podrás golpearle, violarle... y todas las cosas que nuestra divina naturaleza humana nos ha concedido.
Con esta premisa, queda claro que solo hay dos opciones: morir o matar.
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